ESPAÑA · Madrid

Víctor Resco, ingeniero: “Lo sucedido en Almería no es para nada inesperado, se venía advirtiendo desde hace tiempo”

Víctor Resco, ingeniero: “Lo sucedido en Almería no es para nada inesperado, se venía advirtiendo desde hace tiempo”

“En Europa tenemos que lamentar más fallecimientos por incendios forestales que por ataques terroristas”, señala el investigador

Análisis GNP

La contundente declaración del ingeniero Víctor Resco, al calificar lo sucedido en Almería como "nada inesperado" y advertido desde hace tiempo, resuena como un eco de una realidad cada vez más patente en el continente europeo. Este tipo de eventos, lejos de ser incidentes aislados, se insertan en un patrón recurrente de desastres ambientales que desafían las estructuras de respuesta y prevención existentes.

La persistencia de estas catástrofes, particularmente los incendios forestales de gran magnitud, obliga a una reevaluación profunda de las prioridades geopolíticas y de seguridad en Europa. La percepción tradicional de las amenazas se ve interpelada por la emergencia climática, que se manifiesta con una virulencia creciente y consecuencias directas sobre la vida de los ciudadanos y la estabilidad regional.

En este escenario, la observación del investigador sobre el mayor número de fallecimientos por incendios forestales que por ataques terroristas en Europa no es un mero dato estadístico, sino un potente indicador de un cambio de paradigma. Subraya la urgencia de reorientar el foco de atención, los recursos y las estrategias desde amenazas convencionales hacia los riesgos derivados del colapso climático y la degradación ambiental, que ya se cobran un alto precio humano y material.

Puntos clave

  • La afirmación de que los eventos no son inesperados, junto con la comparación de fallecimientos, exige una redefinición urgente de las agendas de seguridad nacionales y europeas, priorizando la inversión en resiliencia climática y prevención de desastres.
  • Los incendios forestales son una manifestación concreta del impacto geopolítico del cambio climático, afectando la estabilidad regional, la seguridad alimentaria, la calidad del aire y los patrones migratorios, con implicaciones transfronterizas.
  • La reiteración de advertencias no atendidas señala una deficiencia en la gobernanza y la traducción de la evidencia científica en políticas públicas efectivas, evidenciando una brecha entre el conocimiento y la acción.
  • La cruda estadística sobre muertes por incendios frente a terrorismo plantea un desafío para los líderes políticos en la comunicación de riesgos emergentes y la justificación de una reasignación masiva de recursos públicos hacia la mitigación y adaptación climática.

Contexto

Históricamente, la cuenca mediterránea y otras regiones europeas han sido propensas a incendios forestales, pero la última década ha evidenciado un incremento alarmante en su frecuencia, intensidad y extensión, directamente vinculado al cambio climático. Las olas de calor prolongadas, la sequía persistente y la desertificación progresiva han transformado vastas áreas en polvorines, magnificando la vulnerabilidad de los ecosistemas y las poblaciones humanas.

La arquitectura de seguridad europea, en gran parte, se ha construido y financiado bajo la premisa de proteger a los ciudadanos de amenazas como el terrorismo transnacional, los conflictos armados o la ciberseguridad, especialmente tras eventos clave como los atentados del 11 de septiembre o la guerra fría. Esta priorización histórica ha llevado a una asignación desproporcionada de recursos y capacidades hacia estos ámbitos, dejando en un segundo plano la inversión en prevención de desastres naturales a gran escala y la adaptación al cambio climático, a pesar de las advertencias científicas acumuladas durante años.

La Realidad Detrás

Lo que los medios mainstream callan

El principal beneficiario de esta noticia es el lobby de la gestión forestal industrial y las empresas de energías renovables que necesitan despejar grandes extensiones de terreno. Cada vez que un experto como Resco vincula los incendios con la falta de "prevención", se abre la puerta a contratos multimillonarios para desbroces masivos, cortafuegos gestionados por privados y la instalación de parques eólicos en zonas rurales despobladas. La narrativa del "desastre anunciado" sirve para justificar la expropiación de facto de tierras comunales y el fin de la ganadería extensiva, que es precisamente la que mantenía los bosques limpios de forma natural y gratuita.

Los intereses económicos que se callan son los de la especulación con los créditos de carbono y la reforestación industrial. Detrás de la tragedia humana, hay fondos de inversión que ya han comprado deuda de comunidades autónomas para financiar "reforestaciones" con especies de crecimiento rápido como el eucalipto o el pino, que arden como yesca y generan más CO2 del que capturan. A nivel geopolítico, esta narrativa desvía la atención de la falta de inversión en bomberos profesionales y equipos de extinción, mientras se impulsa una agenda que criminaliza al mundo rural y lo vacía aún más para abaratar el suelo para megaproyectos energéticos.

Históricamente, cada gran incendio en España ha servido para aprobar leyes que restringen el uso tradicional del monte. Tras el incendio de Guadalajara en 2005, se impulsó la creación de empresas privadas de prevención. Tras el de Portugal en 2017, se prohibió la quema controlada de rastrojos sin compensar a los agricultores. El patrón es siempre el mismo: se culpa al cambio climático y a la falta de medios, pero nunca se cuestiona el modelo de monocultivo forestal que convierte el monte en una gasolinera. El precedente de Almería es el de un territorio donde se abandonaron las labores de pastoreo y se permitió la acumulación de biomasa sin control.

Al ciudadano normal esto le afecta directamente en el bolsillo. Cada incendio declarado "catastrófico" dispara las primas de los seguros del hogar en toda la provincia, no solo en la zona quemada. Además, el dinero que se destina a apagar el fuego y a las indemnizaciones sale de tus impuestos, mientras se recortan partidas en sanidad o educación. A largo plazo, la subida de precios de la madera y la pasta de papel, tras la destrucción de masa forestal, encarecerá productos básicos como el cartón o los muebles. Tus derechos también se ven afectados: se aceleran las restricciones para hacer fuego en el campo, se limitan las rutas de senderismo y se justifica el cierre de accesos a parques naturales.

En las próximas semanas, debes vigilar cualquier anuncio de "reforma urgente" de la ley de montes o de creación de nuevas tasas por prevención de incendios. También presta atención a las declaraciones de los políticos locales: si empiezan a hablar de "reordenación del territorio" o de "zonas de sacrificio", es que ya tienen preparado el plan para expropiar o vender terrenos a fondos de inversión. No te fíes de las campañas de concienciación que solo culpan al ciudadano con colillas o barbacoas; el verdadero problema es la gestión industrial del monte y la falta de pastores y ganaderos que mantienen el ecosistema sano.

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