ECONOMÍA · Washington

Disidentes del Fed piden subir tasas ante inflación sostenida

Disidentes del Fed piden subir tasas ante inflación sostenida

Los disidentes del Fed estadounidense han pedido aumentar las tasas de interés para combatir la inflación sostenida. Según Beth Hammack, una de las disidentes, mantener la inflación alta durante mucho tiempo puede hacer que sea más difícil y costoso reducirla. La inflación persistente puede tener consecuencias negativas en la economía

Análisis GNP

Dentro de la Reserva Federal de Estados Unidos, ha surgido una corriente de opinión disidente que aboga por una política monetaria más restrictiva. Este grupo, preocupado por la persistencia de la inflación, solicita un aumento en las tasas de interés como medida correctiva urgente para estabilizar los precios en la economía.

La preocupación central de estos disidentes, como Beth Hammack, radica en el riesgo de que la inflación sostenida se arraigue. Argumentan que permitir que los precios se mantengan elevados durante un período prolongado podría hacer que su eventual control sea considerablemente más complejo y gravoso para el sistema económico en su conjunto.

Esta división interna en el seno del Fed subraya una creciente inquietud sobre la trayectoria actual de la política monetaria. Refleja un debate crucial sobre cómo equilibrar el crecimiento económico con la estabilidad de precios, y las posibles consecuencias a largo plazo si no se actúa con la suficiente determinación.

Puntos clave

  • La emergencia de voces disidentes dentro de la Reserva Federal, como la de Beth Hammack, indica una creciente preocupación interna sobre la adecuación de la política monetaria actual para combatir la inflación persistente.
  • El argumento principal de los disidentes es que la inflación sostenida corre el riesgo de arraigarse en las expectativas económicas, lo que haría que su eventual control sea considerablemente más difícil y costoso para la economía a largo plazo.
  • La inacción o una respuesta insuficiente ante la inflación persistente puede erosionar el poder adquisitivo de los ciudadanos, distorsionar las decisiones de inversión y consumo, y potencialmente conducir a un período prolongado de inestabilidad económica.
  • La presión ejercida por estos disidentes podría impulsar al liderazgo del Fed a reevaluar su estrategia y considerar una postura monetaria más restrictiva, lo que tendría implicaciones significativas para los mercados financieros y el crecimiento económico global.

Contexto

La economía global y la estadounidense han experimentado un período de inflación significativa tras la pandemia de COVID-19, impulsada inicialmente por disrupciones en la cadena de suministro y una fuerte demanda post-confinamiento. La Reserva Federal, tras calificar inicialmente la inflación como "transitoria", se vio obligada a implementar una serie de agresivas subidas de tasas de interés a partir de 2022 para intentar contener el aumento de precios.

Históricamente, la lucha contra la inflación ha sido un desafío recurrente para los bancos centrales. Los años setenta y principios de los ochenta en Estados Unidos son un claro ejemplo de cómo la inflación, una vez que se arraiga en las expectativas públicas, requiere medidas drásticas y dolorosas, como las implementadas por el entonces presidente del Fed, Paul Volcker, para ser controlada, a menudo a costa de una recesión económica. Esta lección histórica es una sombra constante en el pensamiento de quienes hoy piden una acción más contundente.

La Realidad Detrás

Lo que los medios mainstream callan

La petición pública de los disidentes de la Reserva Federal para subir las tasas de interés no es un debate académico sobre la inflación; es una batalla por la redistribución del ingreso. Quienes más presionan por tasas altas y prolongadas son los acreedores, los tenedores de bonos y el sector financiero en general, que ven cómo la inflación erosiona el valor real de sus activos de renta fija. En el lado opuesto, los principales perdedores son los deudores, especialmente el gobierno federal estadounidense, cuya factura por intereses de su deuda monumental se dispara con cada alza, y los trabajadores y pequeños empresarios que enfrentan crédito más caro y menor actividad económica. La disidencia no es un acto de heroísmo técnico; es la representación de un sector que prefiere un enfriamiento económico brusco antes que aceptar una pérdida en su poder adquisitivo.

Los intereses económicos en juego son colosales y el poder de decisión está concentrado en un grupo muy reducido. La presidenta del Fed, Jerome Powell, y los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto tienen en sus manos la llave que decide si la economía estadounidense aterriza suavemente o entra en recesión. La presión de los disidentes, como Beth Hammack, no ocurre en el vacío: los grandes fondos de inversión, las aseguradoras y los bancos globales tienen un incentivo estructural para demandar tasas altas, porque su modelo de negocio se beneficia de la prima de riesgo y del diferencial de tasas con otras economías. Además, una tasa alta fortalece el dólar, lo que abarata las importaciones para Estados Unidos pero encarece la deuda externa de los países emergentes, un mecanismo geopolítico que no se menciona en la noticia pero que es consecuencia directa de la decisión.

El precedente histórico más claro es la era de Paul Volcker, presidente del Fed entre 1979 y 1987, quien elevó las tasas a niveles de dos dígitos para aplastar la inflación de los años setenta. Ese episodio está documentado y es de conocimiento público: la inflación cayó, pero a costa de una recesión profunda, un desempleo que superó el diez por ciento y una oleada de quiebras en sectores manufactureros y agrícolas. El mecanismo de fondo es idéntico al actual: se combate la subida de precios con una recesión inducida, y el costo lo pagan los trabajadores con pérdida de empleo y los pequeños negocios con cierre, mientras que el capital financiero sale fortalecido. La diferencia es que hoy la deuda pública es mucho mayor, por lo que cada punto porcentual de tasa tiene un efecto más violento sobre las finanzas del gobierno.

Para el ciudadano normal, esta disidencia no es un tecnicismo. Si las tasas suben, su hipoteca se encarece, su tarjeta de crédito acumula más intereses, su préstamo para comprar un coche o montar un negocio se vuelve más inaccesible, y su ahorro en el banco rinde un poco más pero no compensa la pérdida de poder de compra acumulada. La inflación sostenida ya ha encarecido la cesta de la compra; la respuesta de los halcones del Fed amenaza con quitarle el empleo a quien todavía tiene uno. No hay política monetaria neutral: cada decisión transfiere riqueza de un bolsillo a otro, y en este caso, la dirección es claramente desde el deudor hacia el acreedor, desde el trabajador hacia el inversor.

Lo que conviene vigilar en las próximas semanas es la comunicación oficial del Comité Federal de Mercado Abierto, especialmente las actas de sus reuniones y las declaraciones de Powell tras cada encuentro. Hay que mirar si la disidencia gana votos dentro del comité, porque eso indica que la mayoría se está moviendo hacia una postura más agresiva. También es clave observar la evolución de los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez años, que son el termómetro de las expectativas de tasas futuras, y la publicación de los índices de precios de consumo y de empleo, que son los datos que usan los halcones para justificar su postura. Si la inflación no cede de forma clara, la presión por subir tasas se intensificará, y con ella, el riesgo de un shock económico global.

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