ECONOMÍA · Mukalla

Yemen recibe un respiro económico en la costa

Yemen recibe un respiro económico en la costa

La ciudad de Mukalla, en el sur de Yemen, experimenta un aumento en la actividad económica gracias al clima suave anual. Los residentes y visitantes disfrutan de la playa y las temperaturas agradables. La región recibe un impulso económico en forma de turismo y comercio local, lo que beneficia a la comunidad.

Análisis GNP

La ciudad de Mukalla, joya costera en el sur de Yemen, emerge como un singular oasis de actividad económica en medio de la prolongada y devastadora crisis que azota al país. Gracias a su clima anual templado, esta urbe portuaria atrae una afluencia notable de visitantes y residentes que buscan disfrutar de sus playas y temperaturas agradables, generando un impulso vital para la economía local en un momento de extrema necesidad.

Este respiro económico se manifiesta principalmente a través de un aumento en el turismo interno y el comercio local. La presencia de bañistas y veraneantes dinamiza los mercados, restaurantes y servicios, inyectando capital fresco en una región que, como gran parte de Yemen, ha sufrido un colapso económico generalizado. La capacidad de Mukalla para capitalizar sus activos naturales subraya una resiliencia inesperada.

Si bien este florecimiento es localizado y potencialmente vulnerable a la inestabilidad circundante, representa un faro de esperanza y un modelo potencial de recuperación para otras áreas costeras yemeníes. La situación de Mukalla demuestra cómo factores geográficos favorables pueden, bajo ciertas condiciones, mitigar algunos de los impactos más severos de un conflicto prolongado, ofreciendo un atisbo de normalidad y prosperidad.

Puntos clave

  • La ciudad de Mukalla experimenta un resurgimiento económico impulsado por el turismo interno y el comercio local, beneficiándose de su clima templado y atractivo costero.
  • Este impulso económico contrasta fuertemente con la devastación generalizada y la crisis humanitaria que asolan al resto de Yemen, destacando la singularidad de la situación de Mukalla.
  • La relativa estabilidad en Mukalla, tras su liberación de grupos extremistas, ha sido crucial para permitir el florecimiento de estas actividades económicas y el disfrute de sus recursos naturales.
  • La experiencia de Mukalla subraya la importancia de los factores geográficos y la seguridad local como catalizadores para la recuperación económica y la resiliencia comunitaria en zonas de conflicto.

Contexto

Yemen ha estado sumido en una brutal guerra civil desde 2014, un conflicto que ha provocado una de las peores crisis humanitarias del mundo. Millones de personas dependen de la ayuda externa, la infraestructura básica ha sido destruida y la economía nacional está en ruinas. La lucha entre el gobierno reconocido internacionalmente, apoyado por una coalición liderada por Arabia Saudita, y los rebeldes hutíes ha devastado la vida diaria y ha fragmentado el país.

Mukalla, capital de la provincia de Hadramaut, ha tenido su propia cuota de inestabilidad, llegando a estar bajo el control de Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) entre 2015 y 2016. Su liberación por fuerzas yemeníes y emiratíes marcó un punto de inflexión. Desde entonces, la ciudad ha experimentado una relativa estabilidad en comparación con otras zonas del país, lo que ha permitido una lenta recuperación y el desarrollo de actividades económicas como las que se observan actualmente.

La Realidad Detrás

Lo que los medios mainstream callan

Quien se beneficia realmente de esta noticia no es el ciudadano yemení que sigue bajo el peso de una guerra que no cesa, sino el pequeño círculo de comerciantes, transportistas y propietarios de infraestructura turística en Mukalla que pueden capturar la liquidez generada por el flujo de visitantes. El clima suave es un factor estático, no una política pública, y su efecto económico se concentra en quienes ya poseen activos para atender al turista: hoteles, restaurantes y tiendas. Para la mayoría de los residentes, la actividad extra se traduce en empleos precarios y temporales, sin contrato ni protección social, mientras que el grueso de la ganancia se queda en manos de una élite local que controla el acceso a los puntos de mayor afluencia.

Los intereses económicos y geopolíticos en juego son enormes y no se deciden en Mukalla, sino en Riad, Abu Dabi y Washington. El sur de Yemen es el escenario de la lucha entre el Consejo de Transición del Sur, respaldado por Emiratos Árabes Unidos, y el gobierno reconocido internacionalmente, que depende de Arabia Saudita. El respiro económico en la costa no es un fenómeno espontáneo: es el resultado de una relativa estabilidad militar impuesta por los acuerdos entre estos actores, que han congelado el frente pero no han resuelto la causa del conflicto. Quien tiene poder de decisión sobre si este turismo se consolida o se desvanece son los comandantes militares y los gobernadores leales a cada facción, no los empresarios locales, y menos los trabajadores.

El precedente histórico más cercano y documentado es el de la ciudad de Adén antes de 2015, cuando la actividad portuaria y comercial generaba una prosperidad superficial que no se tradujo en instituciones sólidas ni en distribución de riqueza, y que se derrumbó por completo al estallar la guerra. El mecanismo de fondo es el mismo: una economía de enclave, dependiente de flujos externos y de la seguridad impuesta por las armas, que premia la especulación y el corto plazo, y que no crea las bases para un desarrollo sostenible. Cuando la violencia se intensifica, esos enclaves se vacían en cuestión de días, y los que pierden todo son los que no tuvieron oportunidad de acumular capital.

Para el ciudadano normal de Mukalla, el efecto en su bolsillo es doble y contradictorio. Por un lado, los precios de los bienes básicos tienden a subir porque la demanda turística presiona la oferta local, especialmente en alimentos y transporte. Por otro lado, la posibilidad de un ingreso diario en el sector servicios es la diferencia entre comer y no comer, en un país donde el salario promedio no cubre las necesidades mínimas. Pero este beneficio es frágil y no toca los derechos fundamentales: no hay seguridad jurídica, no hay propiedad protegida, no hay acceso a la salud o la educación que dependa de esta actividad. El turismo no paga impuestos que se reinviertan en infraestructura pública, porque las estructuras fiscales del Estado yemení están colapsadas o capturadas por los grupos armados.

Lo que conviene vigilar en las próximas semanas es la evolución de los combates entre las fuerzas del gobierno y el Consejo de Transición del Sur en las gobernaciones de Abyan y Shabwa, que son la puerta de entrada a Mukalla. Si la violencia se reactiva en esas rutas, el flujo turístico se corta de inmediato. También hay que observar las decisiones del Banco Central de Yemen, con sede en Adén, sobre la depreciación del rial, porque una devaluación brusca encarece las importaciones y puede hacer inviable el comercio local. El lugar para mirar es la prensa especializada en asuntos del Golfo y los informes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU.

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