LATINOAMÉRICA · La Habana

Gustavo Petro se despide con un viaje a Cuba, un país en crisis

Gustavo Petro se despide con un viaje a Cuba, un país en crisis

El presidente colombiano Gustavo Petro ha visitado Cuba en su último viaje de Estado. Petro se reunió con la cúpula cubana para discutir temas de cooperación económica y política. El mandatario colombiano entregará la presidencia el próximo 7 de agosto.

Análisis GNP

El presidente colombiano Gustavo Petro ha emprendido su último viaje de Estado a Cuba, marcando una de sus despedidas internacionales antes de culminar su mandato el próximo 7 de agosto. Esta visita a la isla caribeña, un país que atraviesa una profunda crisis económica y social, subraya la particular orientación de la política exterior de Petro y su afinidad ideológica con el gobierno cubano. La elección de este destino para su cierre de gira presidencial no es casual y envía un mensaje claro sobre sus prioridades regionales.

Durante su estancia en La Habana, el mandatario colombiano se reunió con la cúpula cubana, incluyendo al presidente Miguel Díaz-Canel, para abordar asuntos de cooperación económica y política. Estas conversaciones se enmarcan en el interés de Colombia de fortalecer los lazos con naciones de la región, buscando alianzas que, desde la perspectiva de Petro, contribuyan a un nuevo orden global y a la integración latinoamericana, a menudo en contrapeso a las influencias tradicionales.

La visita se produce en un momento delicado para Cuba, lo que añade una capa de complejidad y escrutinio a los resultados esperados de estas reuniones. Para Petro, este viaje representa una oportunidad final para consolidar parte de su legado en política exterior, reafirmando su visión de solidaridad y cooperación con gobiernos que comparten ciertas sensibilidades ideológicas, a pesar de las críticas internacionales sobre la situación interna de la isla.

Puntos clave

  • La visita de Gustavo Petro a Cuba es su último viaje de Estado como presidente, lo que resalta la importancia simbólica y política que el mandatario colombiano otorga a la relación con la isla antes de entregar el poder el 7 de agosto.
  • El viaje se centró en la cooperación económica y política, buscando fortalecer los lazos entre ambos países en un contexto de afinidad ideológica y de la búsqueda de Colombia de un mayor protagonismo regional.
  • La elección de Cuba como destino final de su gira internacional subraya la postura de política exterior de Petro, enfocada en la solidaridad con gobiernos de izquierda y en la integración latinoamericana, a pesar de las críticas internacionales sobre la situación en la isla.
  • La visita se produce en un momento de profunda crisis económica y social en Cuba, lo que añade una capa de complejidad a las discusiones y posibles acuerdos, y pone de manifiesto la voluntad de Petro de apoyar a la nación caribeña en sus desafíos.

Contexto

La relación entre Colombia y Cuba ha sido históricamente fluctuante, pero ha cobrado una nueva dimensión bajo la presidencia de Gustavo Petro. Si bien Cuba ha desempeñado un papel crucial como garante y sede en los procesos de paz colombianos, incluyendo las negociaciones con las FARC y más recientemente con el ELN, la llegada de Petro al poder significó una reactivación de los lazos políticos y diplomáticos a un nivel más profundo, impulsado por una afinidad ideológica que no se veía en décadas. Esta cercanía ha permitido a Petro posicionar a Cuba como un socio estratégico en su agenda regional.

Actualmente, Cuba se encuentra inmersa en una de las crisis más severas de su historia reciente. Afectada por el recrudecimiento del embargo estadounidense, la caída del turismo debido a la pandemia de COVID-19 y una persistente ineficiencia económica interna, la isla enfrenta escasez crónica de alimentos, medicinas y combustible. Esta situación ha provocado un éxodo masivo de ciudadanos y un aumento del descontento social, con protestas que han puesto en evidencia la fragilidad del modelo económico y político cubano.

La Realidad Detrás

Lo que los medios mainstream callan

El único beneficiario claro de esta visita es el régimen cubano, que obtiene una foto de respaldo diplomático de un presidente latinoamericano en un momento de asfixia económica extrema. Petro, al hacer de su último viaje de Estado un gesto hacia La Habana, no consigue ningún logro tangible para Colombia, pero sí regala a la dictadura castrista una legitimidad simbólica que necesita para sostener su relato de aislamiento injusto. Quien pierde es el ciudadano colombiano que paga con sus impuestos una diplomacia que no reporta beneficios medibles, y que además ve cómo su mandatario prioriza un gesto ideológico sobre gestiones más urgentes para los intereses nacionales. No hay ningún acuerdo concreto que justifique el desplazamiento, solo una reunión con la cúpula para hablar de cooperación que nunca se traduce en inversión real ni en alivio para la población cubana, que sigue padeciendo la peor crisis en décadas.

Los intereses geopolíticos son evidentes: Cuba es un socio histórico de Rusia y China, y su régimen busca desesperadamente diversificar sus alianzas ante el colapso de su economía. Petro, con su retórica de izquierda, juega a ser un puente entre el bloque occidental y los regímenes autoritarios, pero no tiene poder real para modificar las sanciones estadounidenses ni para mover los hilos financieros que sostienen a La Habana. El poder de decisión en esta ecuación no está en Bogotá ni en La Habana, sino en Washington, donde se define el bloqueo, y en Pekín y Moscú, que deciden cuánto oxígeno financiero le dan a la isla. Petro es un actor secundario que se presta a un juego de apariencias: su visita no altera ni un ápice la correlación de fuerzas, pero sí le permite a la dictadura cubana presumir que aún tiene amigos en el continente.

El precedente histórico es claro y público: los líderes latinoamericanos de izquierda han usado durante décadas sus visitas a Cuba como un ritual de confirmación ideológica, desde Fidel Castro recibiendo a Hugo Chávez hasta los gestos de Evo Morales o Daniel Ortega. El mecanismo de fondo es siempre el mismo: el visitante obtiene una vitrina para su discurso antiimperialista y el régimen cubano obtiene oxígeno diplomático, mientras el pueblo cubano sigue sin ver mejoras en su vida diaria. La diferencia es que en este caso el gesto ocurre al final de un mandato, lo que sugiere que Petro no busca resultados, sino un cierre de ciclo que quede en los libros de historia de la izquierda latinoamericana. Es un acto de reafirmación personal, no una política de Estado, y eso lo hace más reprobable porque no se puede ni siquiera argumentar que buscaba un beneficio futuro para Colombia.

Para el ciudadano colombiano promedio, el impacto es nulo en lo inmediato, pero no en lo simbólico: cada peso invertido en este tipo de giras es un peso que no se destina a resolver problemas domésticos como la seguridad, la salud o la economía. La visita no generará empleo, no atraerá inversión, no abrirá mercados para productos colombianos y no mejorará las relaciones con Estados Unidos o la Unión Europea, que son los socios comerciales que realmente importan. Lo que sí hace es enviar una señal a los inversionistas internacionales de que el presidente saliente prioriza la afinidad ideológica sobre la pragmática económica, lo que puede enfriar el apetito por Colombia en los mercados globales. La crisis cubana no es un problema que Colombia pueda ni deba resolver, y gastar capital político en ella es un lujo que el país no puede permitirse.

En las próximas semanas, conviene vigilar dos frentes: primero, si el gobierno de transición de Petro anuncia algún tipo de ayuda económica concreta a Cuba, porque eso sería dinero colombiano saliendo del país sin retorno visible; segundo, la reacción de la comunidad internacional, especialmente de Estados Unidos, ante este gesto de acercamiento. También hay que observar si el presidente electo o los equipos de transición hacen alguna declaración al respecto, porque eso dará pistas de si esta línea diplomática se mantiene o se revierte. El lugar donde mirar es la prensa económica internacional, que suele reportar con más dureza estos gestos que la prensa local, y los comunicados oficiales de la Casa Blanca sobre Cuba.

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