GEOPOLÍTICA · Rabat

Marruecos reafirma reivindicación sobre Ceuta y Melilla

Marruecos reafirma reivindicación sobre Ceuta y Melilla

El gobierno de Marruecos ha reiterado su reclamación sobre las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla. Un diario cercano a la monarquía marroquí ha declarado que la recuperación de estas ciudades es inevitable. Los últimos acontecimientos han alimentado el relato del reinado de Mohamed VI sobre la reivindicación de estos territorios

Análisis GNP

El gobierno de Marruecos ha vuelto a poner sobre la mesa su histórica reclamación sobre las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla. La reciente declaración de un periódico cercano a la monarquía marroquí, que tilda de "inevitable" la recuperación de estos territorios, no es un hecho aislado, sino una manifestación pública de una aspiración profundamente arraigada en la política exterior del reino alauita. Este movimiento se produce en un momento de reconfiguración de alianzas y prioridades en la región.

Esta reiteración de la reivindicación, aunque forma parte de un discurso sostenido a lo largo de décadas, adquiere una relevancia particular en el contexto actual. Los últimos acontecimientos en el norte de África y el Sáhara Occidental, así como la dinámica interna de la monarquía marroquí, sugieren que estas declaraciones no son meras formalidades. Se insertan en un relato más amplio del reinado de Mohamed VI, que busca consolidar la visión de un Marruecos fuerte y soberano, con una clara agenda de integridad territorial.

La reafirmación de esta postura por parte de Marruecos plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones hispano-marroquíes y la estabilidad regional. La persistencia de esta demanda territorial, que España considera innegociable, tiene el potencial de generar fricciones diplomáticas y redefinir los equilibrios estratégicos en el Mediterráneo Occidental, afectando no solo a los dos países directamente implicados, sino también a la Unión Europea.

Puntos clave

  • La declaración de un diario cercano a la monarquía marroquí, que califica de "inevitable" la recuperación de Ceuta y Melilla, es una señal de que esta reivindicación se mantiene activa y forma parte de la estrategia política del reino.
  • La reafirmación de la demanda territorial se inscribe en la narrativa del reinado de Mohamed VI, que busca reforzar la imagen de un Marruecos consolidado y con plena soberanía sobre sus aspiraciones territoriales.
  • Este movimiento tiene el potencial de generar nuevas tensiones diplomáticas con España, históricamente firme en su postura de considerar Ceuta y Melilla como parte inalienable de su territorio nacional.
  • La cuestión de Ceuta y Melilla trasciende las relaciones bilaterales, afectando la estabilidad regional en el Mediterráneo Occidental y la política de frontera exterior de la Unión Europea, dada la condición de las ciudades como puntos de acceso al continente.

Contexto

actual. Los últimos acontecimientos en el norte de África y el Sáhara Occidental, así como la dinámica interna de la monarquía marroquí, sugieren que estas declaraciones no son meras formalidades. Se insertan en un relato más amplio del reinado de Mohamed VI, que busca consolidar la visión de un Marruecos fuerte y soberano, con una clara agenda de integridad territorial.

La reafirmación de esta postura por parte de Marruecos plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones hispano-marroquíes y la estabilidad regional. La persistencia de esta demanda territorial, que España considera innegociable, tiene el potencial de generar fricciones diplomáticas y redefinir los equilibrios estratégicos en el Mediterráneo Occidental, afectando no solo a los dos países directamente implicados, sino también a la Unión Europea.

Las ciudades de Ceuta y Melilla han sido parte integral del territorio español desde hace siglos, con su soberanía datando de 1580 y 1497 respectivamente, mucho antes de la existencia del Estado marroquí moderno. Estas ciudades, situadas en la costa norteafricana, no son colonias ni territorios en disputa en la óptica española, sino dos de sus diecisiete comunidades autónomas, con pleno reconocimiento internacional y estatuto constitucional equiparable al de cualquier otra provincia española. Su importancia estratégica radica en su posición en el Estrecho de Gibraltar y su función como frontera exterior de la Unión Europea.

Desde su independencia en 1956, Marruecos ha mantenido una reclamación constante sobre Ceuta y Melilla, junto con otros territorios como las islas y peñones españoles adyacentes. Esta reivindicación se enmarca dentro de la doctrina del "Gran Marruecos", que aboga por la integridad territorial del reino incluyendo todas las tierras que históricamente considera suyas. A lo largo de los años, esta cuestión ha sido una fuente recurrente de tensión en las relaciones bilaterales, con picos de crisis diplomática y momentos de acercamiento que, sin embargo, nunca han resuelto el fondo de la disputa territorial.

La Realidad Detrás

Lo que los medios mainstream callan

El primer beneficiario de esta nueva escalada verbal es el propio trono alauí. En un contexto de crisis económica interna, sequía prolongada y descontento social, la monarquía de Mohamed VI recurre a un clásico de la política exterior marroquí: reactivar el contencioso territorial para movilizar el patriotismo y desviar la atención de los problemas domésticos. Un diario afín al palacio filtra la palabra "inevitable" y, de inmediato, la conversación pública en Marruecos abandona la inflación o el paro juvenil para centrarse en Ceuta y Melilla. Quien pierde con esta dinámica es la estabilidad diplomática del Mediterráneo occidental, y quien paga la factura a medio plazo es el ciudadano español, que ve cómo un socio comercial y vecino estratégico convierte sus fronteras en moneda de cambio política.

Detrás de esta retórica hay intereses económicos y geopolíticos muy concretos. Marruecos no solo busca presión sobre España; también negocia en Bruselas acuerdos pesqueros y agrícolas, gestiona el flujo migratorio como herramienta de presión y aspira a consolidarse como hub energético hacia Europa. En la otra orilla, España mantiene una dependencia energética y comercial con el reino alauí que limita su margen de respuesta. Los actores con poder de decisión son, por parte marroquí, el propio Mohamed VI y su círculo cercano, incluidos altos cargos del Ministerio de Interior; por parte española, el presidente del Gobierno y el Ministerio de Asuntos Exteriores, que deben equilibrar la defensa de la soberanía con la necesidad de mantener abiertos los canales de diálogo. Nadie en Madrid quiere una crisis abierta, pero nadie en Rabat parece dispuesto a renunciar a un arma tan rentable.

El mecanismo de fondo no es nuevo. La historia reciente está llena de casos en los que un poder regional utiliza una reivindicación territorial irredenta para consolidar su legitimidad interna: la Argentina de la junta militar con las Malvinas es el precedente más claro y documentado. En aquel caso, la derrota aceleró la caída del régimen, pero el patrón se repite porque funciona a corto plazo. Marruecos ya ha utilizado la tensión con España en momentos puntuales, como la crisis migratoria de Ceuta en 2021, cuando permitió la entrada masiva de personas a la ciudad autónoma. Aquella acción, documentada y reconocida por fuentes oficiales, fue leída por la mayoría de analistas como una presión directa de Rabat ante el ingreso del líder del Frente Polisario en un hospital español. El patrón es el mismo: generar una crisis controlada para obtener ventajas políticas o económicas.

Para el ciudadano español de a pie, esta noticia no es un debate abstracto. Si la tensión sube, las consecuencias se notan en el bolsillo: el precio del gas argelino o del comercio con el norte de África puede encarecerse, las exportaciones agrícolas andaluzas pueden sufrir trabas administrativas y la cooperación policial en materia antiterrorista o de control migratorio se ralentiza. Además, el ciudadano de Ceuta y Melilla, que ya vive con una presión demográfica y social singular, ve cómo su vida cotidiana se convierte en un tablero de negociación entre dos estados. Sus derechos, su seguridad jurídica y su estabilidad dependen de que Madrid y Rabat mantengan la cordura, algo que no está garantizado cuando una de las partes alimenta un relato de inevitabilidad.

Conviene vigilar en las próximas semanas tres frentes concretos. Primero, las declaraciones oficiales del Ministerio de Exteriores español y su capacidad para rebajar el tono sin ceder en lo esencial. Segundo, las reuniones de alto nivel entre la Unión Europea y Marruecos, especialmente las relacionadas con pesca y agricultura, donde Rabat suele materializar sus exigencias. Tercero, el movimiento de tropas o el incremento de actividad naval en el Estrecho, así como cualquier incidente en la frontera de Ceuta o Melilla que pueda ser aprovechado para escalar. Estos indicadores se siguen en portales especializados en política magrebí y en las agencias de noticias internacionales, no en los titulares de los medios afines a cada gobierno.

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