GEOPOLÍTICA · Gaza

Hamas acepta desarme gradual en Gaza

Hamas acepta desarme gradual en Gaza

Hamas ha acordado desarmarse gradualmente en Gaza como parte del plan de paz de 20 puntos de Donald Trump. El plan busca reducir la tensión en la región y promover la paz entre Israel y Palestina. La implementación del plan dependerá de la cooperación de todas las partes involucradas

Análisis GNP

La organización Hamas ha anunciado un acuerdo para desarmarse progresivamente en la Franja de Gaza, un desarrollo de magnitud que se inscribe en el marco del plan de paz de veinte puntos propuesto por Donald Trump. Esta aceptación, reportada por Al Jazeera, marca un punto de inflexión potencial en el prolongado conflicto palestino-israelí, ofreciendo una nueva perspectiva para la desescalada en una de las regiones más volátiles del mundo.

El plan de paz de Trump, cuyo objetivo central es reducir las tensiones y fomentar una paz duradera entre Israel y Palestina, se encuentra ahora ante un momento crucial. La disposición de Hamas a considerar el desarme gradual, una demanda histórica por parte de Israel y la comunidad internacional, podría reconfigurar las dinámicas de poder y las expectativas sobre futuras negociaciones.

Sin embargo, la implementación efectiva de este acuerdo no está exenta de complejidades. El éxito del plan dependerá en gran medida de la cooperación activa y sincera de todas las partes involucradas, incluyendo a Israel, la Autoridad Palestina y otros actores regionales e internacionales, quienes deberán sortear profundas desconfianzas y divergencias arraigadas.

Puntos clave

  • La aceptación de Hamas representa un cambio significativo en su postura tradicional, que históricamente ha priorizado la resistencia armada, sugiriendo una posible reevaluación estratégica frente a presiones internas o externas.
  • El plan de paz de veinte puntos de Donald Trump, más allá del desarme gradual, busca establecer un marco integral para la resolución del conflicto, abarcando aspectos como la seguridad, la economía y el futuro político de la región.
  • La implementación exitosa del acuerdo requerirá mecanismos robustos de verificación del desarme, así como la voluntad política de Israel para ofrecer concesiones recíprocas y la coordinación con la Autoridad Palestina.
  • Este desarrollo tiene el potencial de alterar profundamente el panorama geopolítico regional, abriendo la puerta a una mayor estabilidad en Gaza, pero también planteando interrogantes sobre el futuro del liderazgo palestino y la viabilidad de una solución de dos estados.

Contexto

La Franja de Gaza ha sido durante décadas un epicentro de conflicto y tensión en Oriente Medio. Controlada por Hamas desde 2007, tras su victoria electoral y un enfrentamiento con Fatah, la región ha experimentado múltiples ciclos de violencia con Israel. La exigencia de desmilitarización de grupos armados palestinos, incluida Hamas, ha sido una constante en cualquier propuesta de paz, dada la preocupación israelí por su seguridad.

Históricamente, los esfuerzos de mediación internacional, particularmente de Estados Unidos, han buscado vías para la coexistencia pacífica, a menudo chocando con la intransigencia de las partes y la complejidad de las reivindicaciones territoriales y de seguridad. La propuesta de Trump se suma a una larga lista de iniciativas que han intentado sin éxito romper el ciclo de violencia y establecer un marco para la resolución definitiva del conflicto.

La Realidad Detrás

Lo que los medios mainstream callan

El primer beneficiario de este anuncio no es el pueblo palestino ni la estabilidad regional, sino la administración estadounidense y su necesidad de presentar un éxito diplomático antes de un ciclo electoral decisivo. Donald Trump necesita una victoria tangible en política exterior que no implique el despliegue de más tropas, y un acuerdo que ponga a Hamas como parte firmante le permite vender la imagen de un líder capaz de doblegar a un actor que durante décadas fue tratado como irreducible. El segundo beneficiario es el propio Hamas, que lleva meses acorralado militarmente y sin acceso a fondos frescos; aceptar un desarme gradual le otorga tiempo, supervivencia política y la posibilidad de renegociar condiciones cuando el foco mediático se desplace. El gran perdedor es Israel, que ve cómo su estrategia de aniquilación total se diluye en un proceso que no garantiza la eliminación de la estructura de poder de Hamas en Gaza, solo su capacidad armamentística visible.

Los intereses económicos y geopolíticos son enormes y tienen nombres concretos. Qatar, que financia a Hamas desde hace años, necesita que el flujo de dinero para reconstrucción no se corte, y un acuerdo de paz le permite mantener su influencia sobre Gaza sin violar formalmente los acuerdos con Washington. Egipto, que controla el paso de Rafah, obtiene una posición de árbitro regional que refuerza su papel frente a Turquía y Arabia Saudita. El poder de decisión real no está en Gaza ni en Tel Aviv, sino en la mesa donde se sientan el enviado especial de Trump, los servicios de inteligencia egipcios y los mediadores qataríes. No hay un solo actor palestino o israelí en esa sala que tenga capacidad de veto sobre el calendario de desarme, porque el plan de 20 puntos se negocia al margen de los parlamentos y de las urnas.

El precedente histórico más cercano y documentado es el proceso de desarme del IRA en Irlanda del Norte, donde la entrega de armas se prolongó durante años, se hizo de forma verificada pero incompleta, y permitió que la organización política vinculada al terrorismo acabara ocupando cargos institucionales sin haber entregado todas sus capacidades. También recuerda al desarme de las FARC en Colombia, donde el grupo entregó fusiles pero mantuvo redes de extorsión y control territorial que siguen operando hoy. El mecanismo de fondo es siempre el mismo: cuando un grupo armado acepta desarmarse, lo hace a cambio de participar en el poder político o de obtener impunidad, y la verificación internacional nunca cubre la totalidad del arsenal ni las estructuras financieras paralelas. Si no se nombra un organismo independiente con capacidad de inspección sobre los túneles, los talleres de cohetes y las cuentas bancarias, el desarme será un gesto simbólico.

Para el ciudadano normal, esto se traduce en un alivio temporal en el precio de la energía y en los seguros de transporte marítimo, porque la amenaza de un cierre del estrecho de Ormuz o de ataques a buques en el Mediterráneo oriental se reduce. Pero el efecto real será en los impuestos: cada dólar que Estados Unidos destine a la reconstrucción de Gaza o a financiar la fuerza de verificación que supervise el desarme saldrá de los contribuyentes estadounidenses y de la ayuda exterior europea, mientras que las petroleras del Golfo y las constructoras israelíes serán las que se queden con los contratos de reconstrucción. En derechos, el ciudadano palestino no gana nada concreto: el desarme no garantiza el levantamiento del bloqueo, ni el retorno de los desplazados, ni la liberación de presos, porque esos puntos del plan dependen de negociaciones que no tienen calendario público.

Conviene vigilar en las próximas semanas si el plan incluye una fecha concreta para la entrega de armas pesadas y cohetes de medio alcance, y si se nombra un organismo internacional con acceso a los túneles de Rafah y a las zonas industriales de Gaza. También hay que mirar la reacción del gabinete de seguridad israelí, porque si Benjamín Netanyahu no aprueba el plan, el anuncio de Hamas quedará en papel mojado. Y hay que seguir el movimiento de fondos desde Qatar: si el dinero empieza a fluir hacia Gaza antes de que se entregue la primera partida de armas, sabremos que el desarme es una fachada.

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