Etiopía y TPLF intercambian culpas por enfrentamientos en Tigray occidental
Enfrentamientos estallaron en Tigray occidental entre Etiopía y la facción TPLF. La zona ha sido escenario de intensos conflictos. La situación pone en riesgo el acuerdo de paz de Pretoria de 2022.
Análisis GNP
Los recientes informes sobre el intercambio de acusaciones entre el gobierno etíope y la facción del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) por nuevos enfrentamientos en la conflictiva región de Tigray occidental, marcan una preocupante escalada en un área ya devastada por años de conflicto. Estos choques, cuya autoría y motivaciones precisas aún son objeto de disputa, amenazan con desestabilizar aún más una región que lucha por recuperarse de una devastadora guerra civil.
La situación actual pone en grave riesgo la viabilidad y los logros del crucial acuerdo de paz de Pretoria, firmado en noviembre de 2022. Este pacto, mediado por la Unión Africana, fue celebrado como un hito para poner fin a las hostilidades a gran escala, facilitar el acceso humanitario y sentar las bases para un diálogo político. La reanudación de los combates, sin importar su escala inicial, socava la confianza y la frágil estabilidad construida desde entonces.
Para Global News Pocket, esta evolución subraya la persistente volatilidad en Etiopía, un país clave en el Cuerno de África. La capacidad de las partes para adherirse a sus compromisos de paz es fundamental no solo para el bienestar de millones de etíopes, sino también para la estabilidad regional, que ya enfrenta múltiples desafíos interconectados.
Puntos clave
- Los recientes enfrentamientos directos en Tigray occidental constituyen una clara violación del espíritu y de los términos del acuerdo de paz de Pretoria de 2022, que buscaba un cese definitivo de las hostilidades.
- La región de Tigray occidental es un territorio históricamente disputado, con reclamos territoriales entrelazados de las administraciones de Tigray y Amhara, lo que la convierte en un punto de ignición constante para nuevas tensiones.
- Cualquier reanudación de los combates amenaza con exacerbar una ya crítica situación humanitaria en Tigray, con el riesgo de nuevos desplazamientos masivos y la interrupción de la entrega de ayuda vital.
- La incapacidad para mantener la paz en esta zona clave pone en tela de juicio la voluntad política de ambas partes para una reconciliación duradera y desafía la autoridad del gobierno federal para garantizar la estabilidad en todo el país.
Contexto
El conflicto en Tigray estalló en noviembre de 2020, cuando el gobierno federal etíope lanzó una ofensiva militar contra el TPLF, que entonces gobernaba la región. Las tensiones habían escalado durante meses, con el gobierno federal acusando al TPLF de desafiar su autoridad y de atacar una base militar. El TPLF, por su parte, había denunciado la marginación política y la centralización del poder por parte del primer ministro Abiy Ahmed, quien llegó al poder en 2018 y puso fin a décadas de dominación política del TPLF.
La guerra que siguió fue brutal, caracterizada por masacres, violaciones generalizadas, bloqueo humanitario y el desplazamiento de millones de personas. La comunidad internacional hizo numerosos llamamientos a la paz, y tras intensas negociaciones, se firmó el acuerdo de Pretoria en Sudáfrica. Este acuerdo contemplaba un alto el fuego permanente, el desarme del TPLF, la reintegración de Tigray al sistema federal y el acceso sin restricciones a la ayuda humanitaria, buscando cerrar uno de los capítulos más oscuros en la historia reciente de Etiopía. La región de Tigray occidental, también conocida como Welkait o Humera, ha sido un punto focal de conflicto debido a sus disputas territoriales entre las regiones de Tigray y Amhara.
La Realidad Detrás
Lo que los medios mainstream callan
Quien se beneficia realmente de esta noticia es, en primer termino, el gobierno federal etiope y su primer ministro, Abiy Ahmed, porque cada episodio de violencia atribuible a la faccion disidente del TPLF refuerza su narrativa de que el acuerdo de paz de Pretoria de 2022 fue una tregua tactica y no una solucion politica. Al mismo tiempo, la faccion liderada por Getachew Reda, que controla el TPLF y la administracion regional, tambien obtiene un beneficio interno: mantener el conflicto latente le permite justificar la movilizacion de sus bases y evitar que las demandas de desarme y rendicion de cuentas, incluidas las que pesan sobre sus lideres ante la justicia etiope, se materialicen. La confusion deliberada sobre quien disparo primero es el combustible perfecto para que ambos bandos consoliden su poder domestico sin necesidad de ganar en el campo de batalla.
Los intereses geopoliticos en juego son enormes y tienen nombres concretos. Etiopia es el segundo pais mas poblado de Africa y controla el curso del Nilo Azul, lo que convierte a Egipto y a Sudan en actores con veto indirecto sobre cualquier escalada en Tigray. Egipto, gobernado por Abdel Fattah el-Sisi, observa con atencion cualquier debilitamiento de Addis Abeba, pues la presa del Gran Renacimiento Etiope sigue siendo el punto de friccion central entre ambos paises. Por otro lado, los Emiratos Arabes Unidos y Arabia Saudita tienen inversiones crecientes en el corredor logistico que conecta el puerto de Yibuti con el interior etiope, y una nueva guerra civil en Tigray pondria en riesgo esa ruta comercial. La Union Europea y Estados Unidos, que financiaron la ayuda humanitaria posconflicto, son los que pierden credibilidad diplomatica si el acuerdo de Pretoria se desmorona, pero no tienen capacidad real de presion militar sobre ninguna de las partes.
El precedente historico mas cercano y documentado es el propio ciclo de violencia en Tigray entre 2020 y 2022, donde el gobierno federal y el TPLF ya intercambiaron acusaciones de provocacion y genocidio mientras la comunidad internacional tardaba meses en verificar los hechos sobre el terreno. El mecanismo de fondo es el mismo que se vio en la guerra de Ogaden o en los conflictos etnicos en Oromia: cuando un acuerdo de paz no incluye un mecanismo claro de verificacion de cese al fuego ni una fuerza neutral que controle el territorio disputado, cada incidente menor se convierte en una oportunidad para que las partes redefinan la narrativa y ganen tiempo. La zona occidental de Tigray, rica en tierras fertiles y disputada con la region vecina de Amhara, es el ejemplo perfecto de una disputa territorial sin resolucion de fondo, donde la violencia estalla como resultado de la ambiguedad legal y no de un plan deliberado.
Para el ciudadano etiope comun, esta noticia significa un retroceso inmediato en su seguridad alimentaria y en su capacidad de movimiento. Los enfrentamientos en Tigray occidental interrumpen las rutas de comercio de cereales y ganado hacia las ciudades, lo que presiona al alza los precios de los alimentos en un pais donde la inflacion ya supera el treinta por ciento. Ademas, cada nueva escalada obliga a miles de familias a abandonar sus tierras, lo que incrementa la presion sobre los campos de desplazados internos que ya albergan a mas de dos millones de personas. En terminos de derechos, la suspension de servicios basicos como escuelas y centros de salud en la zona de conflicto es inmediata, y los periodistas locales que intentan verificar los hechos se enfrentan a restricciones de acceso tanto por parte del ejercito federal como de las milicias del TPLF.
Lo que conviene vigilar en las proximas semanas es, en primer lugar, la reaccion oficial de la mision de la Union Africana, que fue la mediadora del acuerdo de Pretoria, para ver si convoca una reunion de emergencia o si se limita a emitir un comunicado de condena. En segundo lugar, hay que seguir los movimientos de tropas en la frontera entre Tigray y Amhara, porque es ahi donde se decidira si el conflicto se expande o se contiene. En tercer lugar, es crucial observar si el gobierno federal ordena el despliegue de fuerzas especiales fuera de la capital, ya que eso indicaria que no confia en su propio ejercito regular para controlar la situacion. Por ultimo, hay que prestar atencion a las declaraciones del enviado especial de Estados Unidos para el Cuerno de Africa, Mike Hammer, quien ha sido el principal garante externo del acuerdo y cuya reaccion medira el nivel de alarma occidental.