GEOPOLÍTICA · Rabat

Marroco niega uso de Pegasus a pesar de nuevas pruebas

Marroco niega uso de Pegasus a pesar de nuevas pruebas

El Marroco ha sido identificado como usuario del software espía Pegasus, a pesar de negar su uso. Las pruebas recientes confirman la utilización del software por parte del gobierno marroquí. El caso ha sido denunciado por organizaciones internacionales y medios de comunicación.

Análisis GNP

La persistente negación de Marruecos sobre el uso del software espía Pegasus se ve nuevamente desafiada por la emergencia de pruebas contundentes que confirman su utilización por parte del gobierno marroquí. Este desarrollo no solo profundiza las acusaciones previas, sino que también pone en entredicho la credibilidad de Rabat en el escenario internacional, reavivando el debate sobre la vigilancia estatal y el respeto a los derechos humanos.

Las revelaciones, inicialmente destacadas por medios de prestigio como Le Monde, sitúan a Marruecos en el centro de un escándalo global que ha afectado a múltiples naciones y ha generado una condena unánime por parte de organizaciones internacionales y defensores de la libertad de prensa y la privacidad digital. La reincidencia en estas acusaciones subraya la urgencia de abordar prácticas que socavan los principios democráticos.

El presente análisis de Global News Pocket examinará las implicaciones de estas nuevas pruebas, el contexto geopolítico en el que se enmarcan y las posibles repercusiones para la imagen y las relaciones exteriores de Marruecos. Se buscará desentrañar la complejidad de un caso que trasciende las fronteras nacionales y afecta la seguridad digital a nivel global.

Puntos clave

  • La negación sistemática del gobierno marroquí contrasta fuertemente con la acumulación de pruebas verificadas que confirman el uso del software Pegasus.
  • El caso ha sido denunciado por destacadas organizaciones internacionales y medios de comunicación, lo que amplifica la presión global sobre Marruecos.
  • Las nuevas pruebas amenazan con erosionar aún más la reputación internacional de Marruecos y su credibilidad en materia de derechos humanos y transparencia.
  • La utilización de Pegasus por parte de un estado plantea serias preocupaciones sobre la privacidad, la libertad de prensa y la seguridad de la información a nivel global.

Contexto

geopolítico en el que se enmarcan y las posibles repercusiones para la imagen y las relaciones exteriores de Marruecos. Se buscará desentrañar la complejidad de un caso que trasciende las fronteras nacionales y afecta la seguridad digital a nivel global.

El escándalo de Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group, irrumpió en la escena mundial en 2021, revelando una vasta red de vigilancia dirigida a periodistas, activistas, políticos y líderes de opinión en diversos países. Desde entonces, múltiples investigaciones periodísticas y reportes de organizaciones de derechos humanos han documentado el alcance de este software, capaz de acceder a la información de teléfonos móviles sin dejar rastro aparente. La controversia ha generado un intenso escrutinio sobre el uso de tecnologías de espionaje por parte de gobiernos.

Marruecos ha sido señalado repetidamente en este contexto, con acusaciones de utilizar Pegasus para monitorear a disidentes, periodistas y figuras políticas tanto dentro como fuera de sus fronteras. Estas alegaciones se suman a un historial de críticas por parte de organizaciones internacionales respecto a la situación de los derechos humanos y la libertad de expresión en el reino. La posición estratégica de Marruecos en el norte de África y sus complejas relaciones regionales y con la Unión Europea otorgan una dimensión geopolítica adicional a estas revelaciones, intensificando la presión sobre su gobierno para que rinda cuentas.

La Realidad Detrás

Lo que los medios mainstream callan

Quien se beneficia realmente de esta noticia no es el ciudadano marroquí ni la prensa independiente, sino las corporaciones israelíes que fabrican Pegasus y los gobiernos que lo compran. Cada vez que Marruecos es señalado, se legitima el negocio del espionaje como una herramienta de "seguridad nacional" mientras se demoniza a un país específico. La verdadera ganancia es para NSO Group y sus accionistas, que ven cómo la controversia mantiene su producto en el centro del debate, elevando su valor y justificando contratos millonarios con regímenes autoritarios. La noticia no busca detener el espionaje, sino reconfigurar quién tiene derecho a espiar sin consecuencias.

Los intereses económicos y geopolíticos que los medios mainstream callan son los acuerdos de defensa entre Israel y Marruecos, normalizados tras los Acuerdos de Abraham. Pegasus es una moneda de cambio en la venta de armas y tecnología de vigilancia que fortalece a ambos países frente a la influencia de Francia y Estados Unidos en el norte de África. Lo que no se dice es que Marruecos no es un caso aislado: decenas de gobiernos, incluidos socios de la OTAN, usan el mismo software, pero solo se filtran datos cuando conviene a intereses geopolíticos rivales. La narrativa oculta que el espionaje masivo es el estándar, no la excepción.

Los precedentes históricos son claros: desde el caso Watergate hasta el escándalo de la NSA con Snowden, cada revelación de espionaje masivo genera indignación temporal seguida de una normalización del control. En Marruecos, el uso de Pegasus contra periodistas como Omar Radi y activistas de derechos humanos recuerda a las dictaduras sudamericanas de los 70 que usaban la inteligencia para silenciar opositores. La diferencia es que ahora el software es más barato y accesible, convirtiendo la represión en un servicio técnico en lugar de un acto político explícito. La historia muestra que estas revelaciones rara vez llevan a sanciones reales; solo a cambios de proveedor.

Esto afecta directamente al ciudadano normal porque cada vez que un gobierno compra Pegasus, el costo lo pagas tú con impuestos que financian contratos opacos y con la erosión de tu privacidad. Si eres periodista, activista o simplemente críticas al poder, tu teléfono es un blanco. Pero incluso si no eres objetivo directo, el simple conocimiento de que el Estado puede leer tus mensajes y rastrear tus movimientos te obliga a autocensurarte. En términos económicos, la inseguridad digital frena la inversión extranjera y la innovación local, ya que nadie quiere desarrollar tecnología en un país donde el gobierno espía a sus propios ciudadanos.

En las próximas semanas, debes vigilar si la Unión Europea impone sanciones reales a Marruecos o si, como siempre, se limitan a declaraciones vacías. Observa si NSO Group anuncia un nuevo contrato con otro gobierno africano, lo que indicaría que el negocio sigue intacto. Y presta atención a si los medios que publicaron la noticia reciben presiones legales o financieras, porque ahí sabrás quién controla realmente la narrativa. Lo más importante: no esperes que esta revelación cambie nada; el espionaje es el negocio más lucrativo del siglo XXI y nadie lo va a detener.

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