POLÍTICA · Daca

Ex premier bangladesí pide levantar prohibición a su partido

Ex premier bangladesí pide levantar prohibición a su partido

La ex primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina, solicitó el levantamiento de la prohibición a su partido, el Awami League. Hasina anunció que regresará a su país en diciembre, desafiando al nuevo gobierno de su rival, el Partido Nacionalista de Bangladesh. La líder política se encuentra actualmente en el extranjero, pero ha manifestado su intención de regresar a Bangladesh para participar en la política nacional.

Análisis GNP

La ex primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina, ha solicitado formalmente el levantamiento de la prohibición impuesta a su partido, la Awami League, marcando un punto de inflexión en la compleja dinámica política del país. Este movimiento se produce mientras Hasina se encuentra fuera del país, pero con la clara intención de regresar en diciembre, desafiando abiertamente al gobierno actual liderado por su rival, el Partido Nacionalista de Bangladesh.

Esta declaración no es solo una petición administrativa, sino una señal de una inminente confrontación política. El anuncio de su regreso a Bangladesh subraya su determinación de retomar un papel activo en la política nacional, a pesar de las restricciones que pesan sobre su formación y la presencia de un gobierno adverso. La situación augura un periodo de elevada tensión y posibles turbulencias en el panorama bangladesí.

La solicitud y el desafío de Sheikh Hasina ponen de manifiesto la persistente fragilidad institucional y la profunda polarización que caracterizan la política de Bangladesh. La respuesta del gobierno y la capacidad de Hasina para movilizar a sus seguidores serán determinantes para el futuro inmediato del país, que se encuentra ante la posibilidad de una nueva fase de inestabilidad.

Puntos clave

  • Sheikh Hasina, desde el extranjero, solicita el levantamiento de la prohibición sobre su partido, la Awami League, y anuncia su regreso a Bangladesh en diciembre.
  • Esta acción representa un desafío directo al gobierno actual, liderado por su principal adversario político, el Partido Nacionalista de Bangladesh.
  • La profunda y prolongada rivalidad entre la Awami League y el Partido Nacionalista de Bangladesh es una fuente constante de inestabilidad política en el país.
  • El retorno anunciado de Hasina podría desencadenar una nueva ola de confrontaciones y tensiones, exacerbando la ya volátil situación política bangladesí.

Contexto

La política de Bangladesh ha estado históricamente marcada por una intensa y a menudo violenta rivalidad entre dos figuras femeninas prominentes y sus respectivos partidos: Sheikh Hasina de la Awami League y Khaleda Zia del Partido Nacionalista de Bangladesh. Esta dicotomía ha configurado un ciclo de alternancia en el poder, caracterizado por acusaciones mutuas de corrupción, represión y una profunda desconfianza que ha impedido la consolidación democrática. Ambas líderes son hijas o esposas de figuras fundacionales, lo que añade un elemento dinástico a la contienda.

A lo largo de las últimas décadas, Bangladesh ha experimentado periodos de gobierno militar o de administraciones provisionales, a menudo instauradas para intentar resolver crisis políticas o electorales. Las prohibiciones a partidos políticos, los arrestos de líderes o las acusaciones judiciales contra figuras de la oposición no son fenómenos nuevos, sino parte recurrente del arsenal político empleado por las facciones en el poder para neutralizar a sus adversarios. Este patrón cíclico de confrontación ha mantenido al país en un estado de permanente efervescencia.

La Realidad Detrás

Lo que los medios mainstream callan

La primera beneficiada de esta noticia es la propia Sheikh Hasina, aunque parezca lo contrario. Al pedir el levantamiento de la prohibición de su partido y anunciar su regreso para diciembre, la ex primera ministra fuerza al gobierno interino de Muhammad Yunus a tomar una decisión pública sobre su figura. Si le niegan el regreso, ella se presenta como una mártir política ante sus bases; si se lo permiten, convierte el proceso de transición en un plebiscito sobre su legado, desviando la atención de los cargos por corrupción y abusos de poder que pesan sobre su administración. El gobierno de Yunus, que llegó al poder tras la revuelta estudiantil de 2024, pierde en ambos escenarios porque su agenda de reformas queda supeditada a la gestión de una crisis que no eligió.

El interés geopolítico aquí es enorme y tiene nombre propio: India. Hasina fue durante quince años el principal aliado de Nueva Delhi en Daca, y su caída dejó a la India sin su socio más fiable en un vecindario donde China y Pakistán compiten por influencia. El gobierno indio, liderado por Narendra Modi, tiene incentivos claros para que Hasina siga siendo un actor relevante, ya que su regreso debilitaría al gobierno de Yunus, que ha mostrado signos de acercamiento a Pekín en infraestructura y comercio. Además, el Partido Nacionalista de Bangladesh, rival directo de Hasina y liderado por Tarique Rahman desde el exilio en Londres, observa con atención: si la prohibición cae, se abre el precedente para que su propio partido también reclame participación plena, lo que podría descarrilar el proceso electoral que se espera para 2026.

El mecanismo de fondo es un clásico en el sur de Asia: el exilio dorado como arma política. No hace falta buscar precedentes lejanos; en el propio subcontinente, figuras como el ex primer ministro paquistaní Nawaz Sharif pasaron años en el extranjero y regresaron en momentos de debilidad institucional para reclamar el poder. En Bangladesh, la historia se repite con una variante: Hasina no huye de una condena, sino que fue derrocada por una insurrección popular que la acusó de fraude electoral y represión letal. Su anuncio de regreso en diciembre no es un acto de valentía, sino una jugada calculada para presentarse como la única alternativa estable frente a un gobierno interino que aún no ha demostrado que pueda celebrar elecciones limpias.

Para el ciudadano común de Bangladesh, esta disputa significa más incertidumbre. Cada vez que la élite política se enzarza en estas batallas legales, la economía del país se resiente: la inversión extranjera se congela, la moneda pierde valor y los precios de los alimentos suben. Los bangladesíes que salieron a la calle en 2024 exigían empleo, justicia y fin de la corrupción, no un duelo entre dos dinastías políticas. Si Hasina regresa y su partido vuelve a operar, el riesgo de violencia política en las calles de Daca es real, y eso golpea directamente los bolsillos de quienes dependen del comercio informal y de las remesas de los trabajadores en el extranjero, que ya han caído por la inestabilidad.

Lo que conviene vigilar en las próximas semanas es, primero, la respuesta oficial del gobierno de Yunus: si emite una orden de arresto contra Hasina o si abre un diálogo formal con ella. Segundo, la reacción de la Liga Awami en el terreno, porque su militancia sigue viva en las zonas rurales y puede movilizar protestas. Tercero, los movimientos de India en la ONU y en los foros de la Commonwealth, donde podría presionar para mediar. Y cuarto, las declaraciones del ejército bangladesí, cuyo silencio hasta ahora es más revelador que cualquier discurso político. Toda esa información se encuentra en los comunicados oficiales del gobierno interino, en las agencias de noticias de Daca y en los análisis de centros de estudios como el International Crisis Group.

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